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"El que no sabe llevar su contabilidad por espacio de tres mil años se queda como un ignorante en la oscuridad y sólo vive al día." Goethe

Mitos de ayer para pensar y actuar hoy

Relatos anónimos, transmitidos en forma oral de generación en generación, que se hunden en el pasado remoto de la humanidad intentando, a través de un juego de realidades e irrealidades, comprender y transformar la vida.

Patricia Menghi - Perdimos el rumbo - Arte digital


EL HILO DE ARIADNA Y EL LABERINTO

Según el mito griego, Ariadna, enamorada de Teseo, decidió ayudarlo a matar al Minotauro, monstruo con cabeza de toro que habitaba el laberinto de Creta y que cada nueve años devoraba los siete muchachos y siete doncellas atenienses que le eran enviados como tributo. Ariadna entregó a Teseo un ovillo de hilo mágico que le permitió, tras encontrar al monstruo y darle muerte, encontrar el camino de regreso y salir del laberinto.


Croquis de laberinto copiado de una antigua moneda cretense

Sobre las circunstancias históricas reflejadas en este mito, consultar §§ 95-104 de Los mitos griegos de Robert Graves.

 


 

Escribió Bachelard sobre el laberinto:

“…Amante de los bosques, yo no recuerdo haberme perdido. Uno teme perderse sin haberse jamás perdido. […] Es esta situación típica de estar perdido la que reavivamos en el sueño laberíntico. Perderse, con todas las emociones que esto implica, es, pues, una situación manifiestamente arcaica. A la menor complicación – concreta o abstracta – el ser humano puede reencontrarse en esta situación. […]
Mas la pesadilla del laberinto totaliza estas dos angustias y el soñador vive una extraña vacilación: duda en medio de un camino único. Deviene materia titubeante, una materia que dura vacilando. La síntesis que es el sueño laberíntico acumula, parece, la angustia de un pasado de sufrimiento y la ansiedad de un porvenir de desdicha. El ser está preso entre un pasado bloqueado y un porvenir obstruido. Está aprisionado en un camino. En fin, extraño fatalismo del sueño del laberinto: quizás uno vuelve al mismo punto, pero jamás retorna sobre sus pasos. […]
En la práctica de la exploración de cavernas complicadas, se usa desenrollar un hilo que guiará al visitante en su viaje de regreso. Bossio, queriendo visitar las catacumbas bajo la Vía Appia, se proveyó de un ovillo de hilo tan grande como para guiar un viaje de muchos días bajo la tierra. Gracias a la simple guía del hilo desenrollado, el viajero tiene confianza, está seguro de volver. Tener confianza es la mitad de la exploración. Es esta confianza la que simboliza el hilo de Ariadna.

Un hilo en una mano y en la otra una antorcha,
Él entra, se confía a esas numerosas bóvedas
Que cruzan en todos los sentidos sus rutas tenebrosas;
Ama ver este lugar, su triste majestad,
Este palacio de la noche, esta sombría ciudad,


escribe el abate Delille a propósito del laberinto de las catacumbas. […]”

Bachelard, Gaston (1884-1962), La terre et les rêveries du repos, Cap. VII, Librairie José Corti, France, 1997. [traducción mía]. Hay edición en castellano (La tierra y las ensoñaciones del reposo).

 

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